lunes, 28 de febrero de 2011

Ciclo de Cine mudo en “La Campana de Los Perdidos”.

A veces ocurre.
Pasas un largo tiempo preparando la música de una película y la vas modificando poco a poco, nota a nota.
Intentas que suene como a ti te gustaría haberla encontrado y fabulas sobre si los que la van a ver considerarán interesante, romántico o gracioso las melodías que aplicas a cada escena.
Y a veces ocurre. Como estos últimos miércoles en “La Campana de los Perdidos”.
La respuesta a mi acompañamiento  de los que habéis venido a ver “La quimera del oro”, “El maquinista de La General” y “Luces de la ciudad” ha sido extraordinariamente cálida, afectuosa y, todavía mejor: participativa.
Es verdad que tocar en “La Campana de los Perdidos” es como jugar en casa, pero no podéis imaginar lo que agradece un pianista que acompaña una película (yo mismo, claro) que los espectadores se rían de una broma que acabas de señalar con tu música.
Esos momentos gratifican con creces las horas pasadas en la elaboración de la música cambiando una melodía por otra o probando efectos de sonido en una caída o una explosión.
Así que, a todos los que habéis participado con nosotros en este pequeño ciclo de cine mudo de humor, muchas gracias por la ayuda.
Os aseguro que sin vuestras risas ninguna película es graciosa.



Aquí tenéis unos minutos de “La quimera del oro”. No es un vídeo perfecto, pero con un poco de paciencia se entiende lo que pasa.


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miércoles, 23 de febrero de 2011

Hablando de cine, de mudo y de piano



De acuerdo; un poco traída por los pelos la relación, pero no me resisto a recordaros esta divertidísima escena del más famoso de los mudos del cine tocando el piano con su hermano. ¡y eso que su instrumento era el Arpa!
¿ Os acordáis de Harpo Marx?
               
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Es cine mudo del bueno. Aunque luego hablen.
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miércoles, 12 de enero de 2011

Cine mudo en directo

En el mes de febrero vamos a estar en La Campana de los Perdidos, en Zaragoza, para presentar tres nuevas películas.
Si tenéis ocasión de acudir, seguro que pasamos un rato muy divertido.
Como veis, las películas son estupendas y el lugar resulta encantador y de lo más apropiado para verlas.




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lunes, 27 de diciembre de 2010

Para todas las edades

       Una de las técnicas más divertidas que se pueden emplear a la hora de acompañar una película es la llamada Mickey mousing, que consiste en apoyar musicalmente cualquier acción que aparezca en la pantalla.
       Algo que los dibujos animados de la Warner Bros. ,Mickey Mouse (de ahí el nombre, claro), Tom y Jerry, Correcaminos y similares llevaron a un grado de perfección inigualables.
       La orquesta del Hollywood Bowl nos ofrece una muestra estupenda.



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       Claro que, cuando esta técnica cae en manos de un genio como Chaplin, se crean obras de arte como la que sigue.




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    Genial ¿verdad?
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martes, 14 de diciembre de 2010

Para mayores con reparos.

 

Resulta sorprendente cómo la idea de lo censurable cambia con el paso del tiempo.
Por casualidad he descubierto esta selección de imágenes que en su momento fueron eliminadas por los censores de la época. A día de hoy resultan de lo más inocentes, pero está claro que las piernas de las señoritas provocaban un morbo excesivo que era necesario dosificar .
Fijaos, allá por el minuto 3, cómo se adelanta a la época de Marilyn y la famosa escena de las faldas. 
Curioso, curioso.


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martes, 23 de noviembre de 2010

Acompañar una película: receta casera


Alguna vez, tras acompañar una película y descubrir que no empleo partitura, un espectador se me ha acercado a preguntarme: “pero ¿cómo puede ser que te sepas de memoria toda la música?”
Evidentemente, eso no es así.
Uno (yo) no se “aprende” una banda sonora para acompañar una película y la añade durante la proyección.  Eso no sería divertido.
El asunto es un poco más largo, minucioso y, para colmo, simple.




Una vez que has decidido qué película vas a trabajar, resulta de mucha utilidad una corta temporada de búsqueda de información.
 Aunque parezca retrasar la parte más divertida que es añadirle la música, este momento es de vital importancia. Aquí aparecen puntos de vista distintos, material insólito y datos de lo más variopinto que, en definitiva, ayudan a enriquecer la lectura que tú vas a hacer de una obra ya terminada.
Mientras busco, comienzo a ver la película sin sonido, para que la banda sonora que viene ya aplicada no determine mi creatividad.
A la vez que veo la película, voy describiendo por escrito la acción de la misma como si se la estuviera contando a alguien. Esto va a ser la base del futuro guión que elaboraré con las melodías y que será de gran utilidad para volverlas a remontar cuando pase el tiempo. (Podéis ver en muchas de las películas que hay en este blog el guión al que me refiero) En esta fase ya te vas dando cuenta de lo que buscas musicalmente: si ha de aparecer una música dramática, un chiste o una melodía infantil.
Esa búsqueda puede suponer un buen problema.
Recuerdo que, cuando estaba elaborando “Las tres luces”, de Fritz Lang, no conseguía encontrar ninguna melodía que me pareciera adecuada para la historia de la pareja…hasta que escuché a mi hijo con el tema de amor de “El increíble Hulk”.
 Estoy de acuerdo en que poner en la misma frase   “Hulk”  y “Fritz Lang” resulta sorprendente, pero a mí me sirvió.
 Podéis ver el resultado en el trailer de “Las tres luces”. La imaginación es el límite.

Otras veces esa unión melodía-imagen resulta más natural y acude inmediatamente al ver las imágenes. Es lo que ocurre, por ejemplo con el tema de “El último”, que inmediatamente me sugirió el “wiegala” de Ilse Weber, el de “La aldea maldita”, que me llevó a una de las diez melodías vascas, de Jesús Guridi, o la popular canción infantil “The whistler and his dog” de “El navegante”.
De cualquier manera, las melodías clásicas y las canciones tradicionales escocesas o irlandesas, suponen una base de datos estupenda a la hora de buscar temas para caracterizar personajes.
Una vez vista y descrita la película, comienza la parte musical propiamente dicha.
Afortunadamente, la informática musical nos proporciona una ayuda inestimable, así que con un equipo básico como el que yo empleo ( el que veis en la foto) compuesto por un teclado, un ordenador con un secuenciador, un editor de vídeo y un interface MIDI se puede trabajar cómodamente y conseguir resultados más que satisfactorios.





Por suerte, puesto que la experiencia es un grado, toda mi vida laboral la he dedicado a acompañar movimiento en las clases de Danza. De esta manera no me resulta demasiado complicado hacer lo mismo con las imágenes que se suceden en la pantalla.
Eso es lo que he querido conseguir con la escena del paseo por el páramo de “Amanecer”, de F.W.Murnau.
En el acompañamiento de la película, la música intenta sincronizarse al máximo con la irregular cadencia de los pasos del protagonista. De este modo se produce un acercamiento mayor del espectador a la acción, puesto que no sólo ve  la duda y el remordimiento del personaje, sino que también la oye, inducido por la música.
Esta es la melodía que empleo


Cuando toda la película tiene la música que le has adjudicado, es el momento de completar el guión inicial con las melodías que has aplicado a personajes o momentos importantes de la misma. De este modo, si has de remontarla al cabo del tiempo, sólo tienes que consultar ese guión para comenzar a recordar.
Después de esto, sólo queda abrir el editor de vídeo, unir el archivo de imagen al de sonido y editar un DVD con el resultado.

Un poquito de perejil y servir calentito.
Lo dicho: largo, pero fácil de hacer.

martes, 9 de noviembre de 2010

Bienvenidos



En realidad, la vida la gobiernan las carambolas vitales.        

 Si aquel lejano día  mis amigos de “La linterna mágica” de Zaragoza  no se hubieran acordado de mí al fallarles el pianista para “La aventuras del Príncipe Achmed”, de Lotte Reiniger.
 Si mi proverbial imprudencia no me hubiese animado a decirles:  "desde luego que puedo hacerlo".
 Si no llego a contactar enseguida con las Jornadas de Cine mudo de Uncastillo y conocido a otros pianistas de los que  aprender.
Si en “La campana de los perdidos” de Zaragoza no hubieran programado cine mudo.
Si en el ciclo de “Música y palabra” de Molinos no hubieran incluido una película con mi acompañamiento.
Si el Instituto Cervantes no se hubiera atrevido a enviarme para acompañar “La aldea maldita”, de Florián Rey a Brasilia y Burdeos…          
            Nunca habría contraído la actual cinemuditis, que me impulsa a musicar compulsivamente una película tras otra disfrutando cada vez un poquito más que la anterior.
Y de la que espero no curarme nunca jamás.
En este espacio que acabo de comenzar intentaré que aparezca una muestra de mi trabajo. Compartir todos esos sitios que ofrecen información de festivales, material útil para aplicar a escenas difíciles, curiosidades que nunca se nos habrían ocurrido y que tras leerlas te ayudan a ver una película de manera diferente.
En definitiva, abrir una ventana para todo el que intente saber algo más acerca de esta extraña especie de músico en vías de extinción: el pianista de cine mudo.




  Antes de que sigáis adelante, quiero añadir una cosa.
            En estas páginas voy a colocar mis versiones musicales de películas esenciales en la época muda del cine. Pero esas interpretaciones de las películas no son lo que yo considero acompañamiento. Sólo son una especie de guiones para el momento real.
           El verdadero acto de acompañamiento ocurre durante el directo.
          La conexión que se produce entre el espectador y el pianista que está acompañando las imágenes convierte la proyección de la película en un momento único e irrepetible.
Por eso, una vez que hayáis visto mis versiones, os invito a acudir a una sesión con músico en directo.
           Veréis que merece la pena.